Son prácticas, muy funcionales y suponen un gran desahogo en el día a día de cualquier pareja o familia por su versatilidad como espacio dentro de la vivienda. La zona de lavado junto a la cocina se convierte en imprescindible cuando nos acostumbramos a ella, siempre y cuando esté perfectamente integrada. Para esto último, nada mejor que contar con un equipo profesional que te ayude en la distribución de la misma.

 

Cosas que no pueden faltar en la zona de lavado

Los armarios con puertas suspendidos en la parte alta del lavadero te ayudarán a mantener ocultos e inaccesibles para los niños los productos de limpieza, mientras que abajo tendrás que dejar hueco para la lavadora, la secadora y una pequeña pila en la que lavar a mano cuando lo necesites. Lavadora y secadora pueden instalarse en columna si la situación lo requiere. Incluso existen lavadoras que son también secadoras, la opción idónea para espacios pequeños.

Tampoco puede faltar mobiliario en el que guardar y ocultar a la vista la ropa sucia. Los de cubeta y puerta abatible son los más cómodos.

Puedes habilitar en la pared una pequeña barra o línea de ganchos en los que colocar aquellas prendas que necesitan de perchas para no arrugarse como las camisas, las americanas o los vestidos. E incluso disponer de un sitio cercano en el que guardar la plancha. Si esta es un modelo de vapor vertical, podrás estirar toda tu ropa mientras está colgada.

Lavar, planchar y organizar: una zona integral

Las zonas de lavado más completas son aquellas que además integran zona de tendido, planchado y espacio suficiente para organizar la ropa una vez limpia para que cada miembro de la unidad familiar pueda recogerla y desplazarla a su dormitorio.

Lejos de lo que puedas pensar, no se necesita mucho más espacio para conseguir un lavadero de estas características. Basta con añadir un mueble bajo e independiente que te permita guardar la plancha y que cuente con una superficie habilitada de manera específica para la tarea del planchado. En los huecos restantes podrás incorporar cestas en las que almacenar la ropa limpia y estirada.

Y para el tendido de aquellos textiles que no has metido en la secadora, una opción ideal son los tendederos de pared de tipo acordeón y barras o con dos, cuatro o seis cuerdas extensibles, también aquellos suspendidos del techo.

Máximo aprovechamiento gracias a la distribución

Para integrar el lavadero junto a la cocina aprovechando al máximo el espacio disponible, lo mejor es distribuir este por zonas. En habitáculos cuadrados lo mejor es destinar toda una pared a los muebles (altos y bajos) y electrodomésticos de lavado y secado. Enfrentado, el mueble del planchado (lo más cerca posible de la ventana o iluminado con sistema LED) y el lugar preparado para colgar perchas.

La mayoría de muebles de planchado incorporan ruedas para poder desplazarlos hasta un lugar donde contemos con luz natural suficiente. Si el espacio es estrecho, lo mejor será realizar una distribución en L dejando la sección de planchado al fondo.

Zonas de lavado camufladas y que forman parte de la cocina

¿No cuentas con un espacio aledaño a la cocina en el que ubicar tu zona de lavado? No pasa nada, los diseños empotrados son tu opción. Se trata de habilitar una pared de la cocina o parte de ella para instalar un armario con puertas dentro del cual diseñar tu zona de lavado y planchado.

Como si se tratase de un vestidor, podrás crear la distribución interior a tu conveniencia, incorporando baldas, cajones, perchas, una columna en la que disponer lavadora y secadora e incluso dejar sitio para una pequeñísima pila.

En este caso, lo mejor es optar por un módulo en el que guardar una tabla de planchar que puedas sacar cuando la necesites. Esta opción es muy interesante en cocinas amplias, cocinas con comedor o cocinas integradas en el salón donde contamos con más metros de pared disponible. Todo quedará oculto al cerrar las puertas.

¿Estás visualizando ya tu nueva zona de lavado?